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Cacería en la isla

Cuando para un cazador pasan semanas y semanas sin ir al campo, se le antojan pequeños pedazos de momentos de imágenes fijas en el tiempo de alguna que otra cosa pasada en el sagrado momento " de andar cazando".

Cuando pibe (gurí, decimos acá), mirábamos en blanco y negro a Tarzán (Jhonny Wesmuller), tirarse de una alta barranca en una zambullida que era puro asombro.

Fuimos con el ruso Morante, Tucho y Morante padre a una cacería en una isla cercana a la zona del Chapetón (río Paraná) donde se abortó -gracias al movimiento de la ciudadanía- la instalación de una represa (Paraná Medio) en un río de llanura; lo cual hubiera sido un desastre ecológico mas en Argentina.

La pequeña embarcación apenas sobresalía del agua con la carga donde además de los pertrechos de campamento, resaltaba la blancura contra el agua color león, de dos dogos argentinos: Fierro del Guayrá e India.
Esta última era una perra nueva en los avatares de la caza de pelo y que nos supo dar luego algunos contratiempos, pues su dueño la había acostumbrado al cobro de la caza de pluma.

Apenas desembarcamos, todos estaban exaltados con una cacería que prometía ser fructífera, pues el río estaba alto de cota y muchas islas inundadas.

Quiero aclarar que ninguno de los acompañantes había visto trabajar a un dogo, y a India la llevaban de "alumna " de Fierro. Ella en su afán de la caza aprendida con su dueño corría todo lo que fuera de pluma: teritos de agua, patos, garzas, gallaretas, etc. Con gran desconcierto de Fierro pues éste creía que había presas y se tiraba en las lagunas buscando algo, hasta que luego de varios chapuzones y corridas en vano, se dio cuenta que no había que hacerle caso a la dama.

En las costas del Paraná, suelen abundar los chanchos cimarrones, que no son otra cosa que los chanchos caseros que se van para el monte cuando el pescador no cumple con su ración, o cuando simplemente una rápida creciente los obliga a abandonarlos a su suerte.

Tucho -asiduo pescador de caña- había conocido a un puestero de esta isla, quien le había comentado que los chanchos le habían metido miedo, y que además de mermarle las ovejas, lo había atropellado varias veces un chancho overo bastante grande que ya casi no se animaba a hacer las
recorridas por sus animales.

Vimos señales de hozadas en la costa, en un lugar de pesca. Se notaba que los chanchos la recorrían buscando carnadas y triperos o desperdicios dejados por los pescadores.

Decidimos una entrada al monte en galería que se forma en estas islas, casi siempre con una laguna en medio. Caminamos una hora y Fierro saca un chancho de unos mogotes, veo a Tucho que le tira al chancho con la escopeta a metros del dogo y lo reto enérgicamente (algo así como &***Ç!!!!!!!).

En segundos Fierro agarra muy bien y me entro entre las chilcas a terminarlo.

Luego de la euforia de los "nuevos".siguen las disculpas del caso para ambas partes, los escopeteros de perdices y liebres no sabían como actuar en ese momento y yo que no les había explicado bien el tema. Nunca habían visto la mordida del dogo en su presa y el agarre seguro que tienen.

India miraba como entendiendo y había prendido también cuando el chancho estaba parado.

La cara de felicidad de ellos eran para una foto de cumpleaños de chicos. Ya querían partir inmediatamente a cazar todos los chanchos que hubiera en la isla.

Decidimos volver al campamento con la pieza y salir de nuevo.

Al centro había un bañado por lo que dejé que los perros y hombres fueran por ahí y yo no muy lejos -los escuchaba- costeaba un arroyo de corriente muy rápida y caudaloso que debía tener de ancho como 80 metros, y barrancas de mas de 10 metros de mi lado. Era un brazo del río Paraná.

De pronto, como siempre ocurre que nos toma de improviso rompiendo la quietud de momento, una corrida furiosa de la pieza perseguida por el dogo, venían rompiendo ramas en mi dirección. Me quedo quieto con el revólver en las manos para ver pasar como una exalación varios metros mas allá un carpincho grande perseguido por Fierro. Y ese momento quedó para siempre grabado, pues todavía los veo en cámara lenta a los dos Jhonny Wesmullers tirarse a la carrera como venían al arroyo correntoso, uno en su afán de huir del dogo y éste con todas las ganas de agarrarlo. Cruzan el aire suspendidos un momento , para dar una zambullida impecable los dos. Desaparecidos a la vista, veo a Fierro salir mucho mas delante de donde yo estaba.

Por supuesto que el carpincho muy ducho y hábil nadador se escapó. Fierro consiguió a duras penas luchando con la corriente que lo arrastraba, llegar a la costa de barranca a pique donde luego de varias peripecias logré subirlo y regresamos al campamento él meneándome la cola y yo acariciándolo de pasada por su acto de arrojo, un regalo para mis recuerdos de cacería