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La
última charla, el último trago de vino y alguien que está
largando los perros. Empieza
al fin la caza, eso que tanto esperamos. Ya andando por el monte se
agudizan nuestros sentidos..." todos", hasta el sexto que
es nuestra intuición y presentimiento. Los oídos nos informan
traspasando aquel sórdido silencio, así la mente nos dibuja
una película, y podemos sentir Pero hace frío, es cruel y nos traspasa, el cansancio es su aliado, nos quiere hacer desertar ametrallando la cabeza con pensamientos pesimistas. Las horas pasan y nuestro aliento se termina, pero de pronto un ladrido a lo lejos, casi sin poder escucharlo, un silencio y luego otro y por último la pelea. Así comienza la carrera donde el cansancio se licua con adrenalina y nuestros oídos apuntan al lugar haciendo meditar a nuestras mentes y descifrar las distancias como murciélagos. ¡Y
ahí vamos!, a toda carrera abriendo paso entre jarillas, alpatacos
y molles. Hasta que al fin lo encuentro, bajo un calden añoso
echa culo con el tronco cuidando su espalda el jabalí, peleando
asi con los perros. Había elegido la espesura para lidiar como
un estratega, llevando el combate a su terreno, pero se equivocó
en subestimar a la jauría, que no era una simple perrada, eran
nobles dogos que no le temían y como gladiadores pegaron sus
cuerpos con el de él, demostrando así el desprecio que
tienen por sus vidas. Todos estaban jugados, jabalí y dogos ¡qué
momento! pareciese que el tiempo se detuviera rodando todo en cámara
lenta, paralizándome, aturdido, suspendido Todavía escucho el canto de mis antepasados,aquellos cazadores que encaminaron a la humanidad y hoy se hacen presente en tiempo y espacio. Como dice Ortega Gasset,la caza ,para que lo sea, debe tener riesgo y dificultad, que mejor ejemplo que este... Y ahí estaba ante mi la mas noble de las bestias que contempla inteligencia,agilidad, fuerza y sobre todo coraje, ese es el jabalí, aquel que celtas y germanos veneraban. Son segundos, y el lo sabe, en el brillo de sus ojos como un espejo oscuro y profundo me demuestra al aproximarme que va a dar lo último de sus fuerzas, sabiendo que el enemigo no es la jauría sino yo. Su esfuerzo no pudo con la presa de aquellos dogos suicidas, y resigna la lucha para soportar el dolor letal de la puñalada, dejando caer el cuerpo sobre su propio charco de sangre. Lo
contempló y notó sus extraordinarias defensas, además
de sus incontables cicatrices, pensando cuantas habían sido sus
victorias contra otras jaurías y jabalíes. "Es así"
dije, con profundo respeto y Me fijo en los perros, noto que están heridos pero con unas suturas y algo de descanso saldrán adelante. Llegan mis compañeros, tomo un suspiro y pego otras buenas bocanadas de aire, mi corazón baja sus revoluciones, sabiendo que aquella jornada siempre quedará en mis recuerdos. Eso es la caza, perpetuar un momento en el resto de nuestras vidas. El silencio otra vez gana el monte, aquel silencio que es la voz del monte, es aquel que da principio y fin a la más noble y viril arte de cazar con dogos y cuchillo. |